entendimiento

Tienes razón cada vez que miras y piensas en lo perdida que estoy, te lo leo en los ojos como si fuese un libro. Debe dar miedo estar en el límite de un vacío tan profundo como el que se forma en mi pecho. Ahí. Ahí van a parar los hilos que se me arremolinan entre los dedos, entre los ojos, entre la nuca y la frente.

Tienes toda la razón cuando piensas, tan alto que cualquiera podría oírte, que estoy rota. Pero no me lloréis ahora, no me castigues ahora. Ya lo estaba antes de conoceros a todos, antes de conocerme, antes de salir del vientre de mi madre. Quizá haya crecido torcida y siniestra, solo entienda la vida cayendo de bruces en ese vacío tan profundo, arremolinándome en esos hilos tensos e incandescentes, sumergiéndome en aguas negras y oscuras y llenándolo todo de ellas.

Tienes razón cuando me miras y no lo entiendes. No entiendes nada. No hace falta entenderlo. No soy una noche oscura, ni un mar negro como el petróleo. No estoy rota ni perdida. Sé exactamente quién soy cuando me paseo al filo del vacío de mi pecho, cuando ato los hilos que me queman los huesos. Llevo arreglándome desde que me conozco y no tengo ningún miedo.

Tienes razón cuando me miras y no solo me miras, sino que también me hablas y me dices que no me entiendes. No te preocupes, yo sí lo hago. Eso es todo cuanto necesito.

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