Hermanas

Hermana, hoy es un buen día para que tendamos nuestros brazos la una hacia la otra. Quizá el mejor que tengamos en mucho tiempo para curar las heridas que nos ha dejado este mundo que nos ha querido tanto tiempo calladas y ocultas.

Hermana, quizás creas que este mundo no te hace daño, que está hecho a tu medida. Mira a tu alrededor, dime que nunca te has sentido pequeña y frágil, dime que no has hecho miles de cosas que no querías hacer, dime que no has pensado nunca que quizá la culpa era tuya o que no entendías por qué las palabras y sentimientos de alguien valían más que los tuyos. Ojalá me equivocase, hermana, pero yo he sentido lo mismo y mucho más que tan sólo nosotras sabemos.

Hermana, mira dentro de ti, sé que si lo haces encontraras las luces que encendieron nuestras madres, abuelas y ancestras cuando se dieron cuenta de que tenían los ojos cerrados. Para guiarnos por este mundo que nos hicieron los otros, oscuro y frío. Sé que si miras con detenimiento te iluminará y me creerás, y sentirás el calor de tus hermanas como yo abrazándote en las horas más bajas.

Hermana, no importa quién seas o de dónde vengas. No importa cuál sea el color de tu piel, lo que tengas o lo que no, todo cuanto hayas tenido que dar o perder. No importa si naciste de otra manera, para nosotras siempre has sido y serás nuestra hermana. Este lugar es tan tuyo como nuestro. No importa si nos odiaste e intentaste hundirnos, aquí a nuestro lado siempre habrá un lugar seguro para ti cuándo quieras unirte a nosotras.

Hermano, sé que luchas por mi causa y siento tu fuerza también en mis pasos. Sé que dejarás que tus hermanas hablen, canten y griten. Sé que sabes que somos nosotras quienes dirigimos el rumbo de nuestro destino desde que sabemos que podemos hacerlo. Sé que aprenderás a escuchar, a cambiar, a pedir perdón. Sé que no me ahogaras cuando decidas ser mi hermano y estaré orgullosa de ti porque no me tendrás miedo. Te miraremos orgullosas, hermano, cuando nos miremos de frente, al fin, porque no habrás puesto trabas a nuestra lucha.

Hermana tengo tu voz dentro y tú tienes la mía. Se oirán nuestras voces por todas partes, como debería haber sido siempre, y si una no puede sonar, otra sonará por ella.  No estás sola hermana, nunca lo estarás.

Y a los que no son mis hermanos, a los que prefieren vernos calladas o muertas, solo les diré que al final solo les quedarán dos opciones: cambiar o caer.

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